Woody Allen es DIOS.
And I'm not just talking.
Vicente Huidobro, poeta chileno, padre del creacionismo dice en su "Arte Poética" que "El Poeta es un pequeño Dios", y si laburamos la analogía. Woody allen es dios.
Huidorbo sostiene que el poeta es un pequeño Dios ya que en esta en su naturaleza el recrear el mundo, no con las palabras, sino, ya con la mirada. " Cuanto miren los ojos creado sea ", dice. Después, el poema es la manifestación de esa creación, la realización, la materialización. Ahora; bajo este contexto, el poeta es un dios. Pero Huidobro, acertadamente lo llama un "pequeño" dios.
No puedo arriesgar razones, quizás por respeto a la religión, quizás por una cuestión de musicalidad y belleza de las palabras. Pero acerta, ya que de las artes, podemos decir que la poesía es la menor.
Cuidado, (es divertido eso, postular una barrabasada, para luego girar el punto de vista y darle un nuevo sentido a la frase, ganándose al publico y a uno mismo), no confundamos, no me estoy refiriendo en absoluto a la calidad. Aquí hablo exclusivamente de forma. El poema, es estrictamente un medio escrito, estirándose por lo grafico en algunos casos (quizás el anhelo de Huidobro, y de los demas poetas de dejar atrás el "pequeño", de ser un Dios completo), pero siempre limitado a la capacidad del lenguaje, de las letras, de los encarcelantes signos. El poema no puede esperar más que ser un evocante, el poema puede llamar a un atardecer, puede rogar una escena bellísima, pero no puede hacer más que dejarse en manos del lector. En manos de un inútil, el mas perfecto poema no es mas que un montón de garabatos cursis.
El poema no tiene visualidad, no tiene sonoridad, no tiene tiempo (el ritmo siempre fue una noción que me fascino en poesía, ¿Cómo inculcarle tiempo a algo escrito?, ya que siempre se depende del que lo lee, no hay un estándar de medio segundo por espacio para los silencios, la belleza de la subjetividad de la lectura), el poema es en forma, la mas pequeña de las artes. Su hermana mayor, la prosa, la vence simplemente en longitud, ya que sufre de las mismas carencias (o serán bendiciones) que la lírica.
Y si nos permitimos esta devaluación del divino arte simplemente por su forma, podemos trazar un paralelismo y decir que la normativa del cine la convierte en una GRAN arte.
En el cine tenemos principalmente imágenes. Es una corriente muy importante en el cine, la que lo ve simplemente como una sucesión de fotogramas, atados por un sentido, o no, no importa. Pero el cine es principalmente un arte de imagen.
Condimentado por el inigualable regalo de la cinética (jeje) de la moción, el cine se entrega a lo visual. Pero es indispensable que no olvidemos todos esos elementos que hacen al cine tan fantástico. En el cine tenemos la maravilla de la temporalidad, el ritmo es pautado, y por fin todos tenemos una base común para opinar. El cine es, a diferencia de la poesía, un arte en un mínimo discutible, porque inevitablemente todos estamos viendo la misma película.
Tenemos la maravilla del sonido, la banda sonora, la música, la ambientación, la atmósfera. Tenemos la bendición de las notas, de poder condimentar con música las distintas imágenes, agregándole aun otro nivel de lectura. Y ya hay tres. Las imágenes, que nos son entregadas con un cierto ritmo, y que vienen perfeccionadas por la banda sonora.
Y aun todavía tenemos algo más con lo que disfrutar. En el cine se nos regala literatura. Bastardeados de la dramática, nos llegan los diálogos. El texto. Lo que los personajes dicen, lo que el narrador nos cuenta. El cine es imágenes, proyectadas a un cierto ritmo, con una banda sonora emocionante (queriendo referirme a que nos provee pistas sobre las emociones de los personajes, da la emoción necesaria a cada escena) ordenado en torno a un libro, a un texto, a unos diálogos. A unas pequeñas vidas, no mas o menos reales que las nuestras, solo que enteramente ficticias.
En la cuestión de forma, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos, que el cine es un arte mayor.
Si estas analogías son aceptadas. Si el artista que habita en nuestro corazón puede soportar estas banales e inútiles clasificaciones, estos encasillamientos asesinos. Si el bibliotecario que tenemos adentro puede convencer a los corazones sangrantes (como los elige llamar Roger Waters) que nos llenan de que estas estupideces tienen un mínimo de verdad, podemos animarnos a sonreírle a Huidobro a través del tiempo, a inclinar la cabeza en aceptación de sus ideas y decir "si, el poeta es un pequeño dios".
Ahora, con esto aclarado podemos afirmar que si Huidobro es un pequeño dios por haberse dedicado a un arte menor, tranquilos podemos deducir que Woody Allen, poeta de la fílmica si los hay, Picasso (y no en vano hago el paralelismo) del celuloide es, simplemente, DIOS, y solo por dedicarse a un arte mayor.
Sin embargo esto no es suficiente. Lo que Huidobro hace con tan bella frase es ensalzar. El problema es que su grito (extraído directamente de su manifiesto) convierte en Dios a cualquier vago que pueda tomar un papel y un lápiz (o un teclado y un procesador de texto) y anotar signo tras signo para hilvanar al menos dos idioteces coherentes (o nisiquiera), sin importar el resultado. Huidobro es un buen maestro. Pero no un maestro eficaz. Huidobro es uno de esos hombres que celebra el esfuerzo, el desarrollo. Huidobro nunca se enojaría con los manufacturadores de autos completamente desastrosos. Los amaría solo por entregarse al proceso de la creación (en realidad este ejemplo sobre autos, seria mas cómodo si estuviera hablando de Marinetti, pero Marinetti es un idiota).
El maestro eficaz no regala el cumplido. El maestro inteligente, lo guarda, y prefiere responder con la mueca antipática. Porque sabe que de esta manera, cuando llegue, el cumplido va a valer mucho mas.
Pero Huidobro es un buen maestro, no uno eficaz. Ya que cualquier hombre que vuelque su alma en papel (por más que sus capacidades de expresión sean absolutamente nulas) es merecedor del gran de Dios; pequeño, o único, no importa.
Claro, podríamos discutir que Huidobro no se esta refiriendo al termino Dios en razón de la calidad que esto implica, si no por una cuestión operativa de la creación, pero olvidémonos de eso por ahora.
Bajo este lente en particular, y volviendo al tan extendido paralelismo de la parte anterior, cualquier director de cine es DIOS. Cualquier, ya sea Copolla (elijan cualquiera de los dos, ambos son maestros) Scorcese, Tarantino, o los imbéciles que producen de forma industrial parodias insulsas y estupidisantes que ablandan cerebros y atrofian sentidos del humor. Como los MOGOLICOS responsables de SACRY MOVIE, SCARY MOVIE 2, SCARY MOVIE 3, SCARY MOVIE 4 (la cuarta parte de la trilogía, uhhh zarpado chiste mandaste, mira que crack sos), DATE MOVIE, EPIC MOVIE (que ahora mismo mis mejores amigos están viendo en el cine, si Dios existe (o en este caso Woody) fue el que me previno de ir con ellos).
Y siendo sinceros, ninguno de los previos merece el titulo de DIOS. No me animaría a esbozarlo por mis dos padres artísticos, Lynch y Kubrick (mentira, si ahora mismo dejara de escribir y me volcara a cualquier obra de estos dioses de la fílmica, esta columna seria sobre ellos). Porque no se lo merecen. Y la sola idea de apenas murmurar la letra de, para referirme al primate infradotado que “dirigió” La cosa mas dulce me hace querer volarme los sesos y vomitar mi vejiga (obviamente, posterior a su ingesta).
Y es por eso que le pedimos perdón a Vicente. Y tomando su frase como punto de partida, le decimos chau muchas gracias, riquísimo todo y partimos para expandir. El artista creador merece ser llamado un Dios. Al menos ese que toma el mundo y se preocupa por recréalo, de darnos algo nuevo a través del arte.
(En una nota aparte, me fascina como de pequeño la sola mención de arte me sonaba frustrantemente tediosa, y la más mínima aproximación a la poesía era claramente GAY, y como hoy en día no podría imaginar mi existencia, ni la de nadie mas, sin ellas)
Y yo acabo de volcar sobre la mesa una bomba. WOODY ALLEN ES DIOS. Y me pase dos hojas y cuarto de word divagando sobre palabras enormes, haciéndome el literato, el interesante, el inteligente. El culto que traza paralelismos con disciplinas varias y habla sobre planos múltiples de interpretación artística. Me la pase como narciso encubierto en el mundo del macaneo metafísico (ven, ahí va de nuevo, ahora con lo nacional) y no explique nada de lo que lleva a tan tajante y extremista declaración.
Bueno gente, lo que lleva a tan potente declaración es Melinda, Melinda.
Woody Allen se ha caracterizado por ser un artista multifacético. Un judío petiso y neurótico, depravado, maniaco sexual y feo, que misteriosamente SE CASO CON DIANE KEATON (Una vez un autor dijo que, si alguien leía La Metamorfosis de Kafka, y luego podía mirarse impávido en un espejo, es que era analfabeto, por lo menos en el único sentido que importaba. Bueno en el mismo plano, yo les digo que si alguien vio Annie Hall, y no se enamoro de Diane Keaton es que tiene el alma podrida, por lo menos en el único sentido que importa).
El enano hablador de tono chillón y apagado ( y no me estoy contradiciendo) que mete tanto dialogo en sus películas que los personajes no hacen mas que pisarse constantemente.
La magia de Woody Allen recae en que cuando uno lo ve, no das ni dos pesos por el. Después lo ve actuar y hablar, y piensa que es uno de los tipos con humor mas sofisticado e inteligente que tuvo el placer de escuchar, pero no piensa mas que eso, un gran humorista. Pero es cuando Allen se separa de sus obras, cuando realmente brilla. Cuando Woody (creo que nadie sabe los nombres de los personajes de Woody Allen, ya que como Chaplin, y todos los grandes genios de la comedia, a construido un mito renobable en torno a un personaje único, el de Woody Allen) puede alejarse de sus piezas (lo suficiente para no tener que engraciar la pantalla con sus nervios y paranoia que nos hacen agradecer ser nosotros), pero sin embargo puede mantener sus temas lo suficientemente cerca suyo como para imprimirle esa marca tan personal, ahí es cuando nos damos cuenta la magnitud del genio, del Dios, al cual tenemos enfrente.
Y es, como todo gran genio, humilde. O al menos eso parece. Eso se entiende. Allen nunca tiene personajes de gran despliegue dramático, los de Allen no son los hombres que usan plurisilabos (creo que acabo de inventar una palabra) cinco veces por oración. Alguien podría discutir que su rango de representación no se lo permite. Yo resiento eso. En mi opinión es la humildad del comediante, que lo hace pensar que esos diálogos tan perfectos, armados como la más sutil relojería suiza, parecerían forzados en los personajes "marca Woody".
Sin embargo, el judío cegatón y pesado que es Allen esconde dentro a un filósofo. A un hombre que analiza cada aspecto importante de la vida (nótese: amor, arte y relaciones, esos son los únicos tres aspectos que importan en la vida. Conocer el amor, poder exteriorizar el alma, y poder entregar ese amor y exteriorización del alma a un tercero) y que los plasma decontruidos en una multiplicidad de tonos, de lenguas, de personajes. Con Allen en la pantalla nos podemos llegar a reír de los aspectos mas banales y patéticos de la vida, pero cuando el Dios se llama a silencio, cuando está tácito en la obra, ahí es cuando realmente nos hace darnos cuenta lo banales, patéticas, y hermosamente dolorosas que son nuestras vidas.
Ahora, porque llamarlo Dios con Melinda, Melinda, y no con Matchpoint, la mas reconocida de sus obras recientes. O con alguno de sus viejos clásicos, como Manhattan, o Annie Hall, o Misteriosos Asesinato en Manhattan o cualquier otra de sus varias obras.
Y elijo esta película en particular por lo “picassesco” que lo muestra a Allen. Ya dije antes que la analogía entre el director y el pintor no era en vano, o simplemente por una cuestión de estética literaria. Picasso es reconocido mayoritariamente por sus cuadros cubistas, sin embargo algo que caracteriza a su obra, y que es sabido por cualquier persona que haya pisado un museo alguna vez en su vida, es que Picasso trabajo con los mas diversos estilos y técnicas, no fue un artista que se comprometió a un estilo en especial. Y a pesar de que se lo ha convertido en el estandarte de un movimiento como el cubismo, abundan sus cuadros y esculturas buscando nuevos aires y nuevas ideas.
Es en esto en que se puede notar una violenta similitud con Allen. Las ideas básicas, primeras, de sus películas son siempre las mismas, pero ha jugado con la comedia costumbrista, con la comedia de ciencia ficción, con la histórica, con el drama realista, con el mockumentary, con el documental. Ha creado películas enteras a partir de la intertextualidad, ha explorado la utilización de estructuras temporales y recursos técnicos y dramáticos muy poco convencionales.
Sin embargo en el caso de Melinda, Melinda, el paralelismo con Picasso cobra una fuerza nueva y casi innegable. Estamos frente a la película más cubista de Allen.
A razón de pequeña enciclopedia facilitadora de la lectura se explica que es el cubismo. Se trata de una de las vanguardias históricas. Nace en la primera década del siglo veinte en la pintura. El principal anhelo de los cubistas era representar todas las facetas, todas las caras y aspectos de la realidad SIMULTANEAMENTE.
Ahora, volviendo a Melinda, Melinda,
Ya e hablado sobre los dos planos filmográficos que domina Allen, la bufonearía patética y tragicómica, y el frió análisis deconstrutivo de los motores de los deseos y vidas humanas. Ya e insinuado, y es sabido que el maestro alterna estos puntos de vista yendo de un extremo a otro, o condimentando el uno con el otro para dar el tono exacto a cada pieza. Sin embargo, en Melinda, Melinda hay un acercamiento novedoso al concepto.
En este caso Allen comienza con una cena entre amigos, que deciden demostrar como la vida es todo sobre puntos de vista y enfoques. Como para algunos es un lugar (exactamente) bufonesco, patético y tragicómico, y para los otros un lugar frío y hostil, donde los hombres se dejan llevar por sus deseos, aplastando las vidas ajeas sin consideración (bueno, no tanto, pero un lugar trágico al fin y al cabo).
Para probar su teoría, comienzan a relatar una historia, ficticia, inventada por ellos mismo en ese mismo momento.
Ahora, en este esquema de relato enmarcado es que Allen toma precauciones. El cine siempre supone un compromiso. El espectador establece un acuerdo mudo con el narrador para creer lo que el le esta por contar, una suspensión de la realidad, del seguimiento lógico que pretenden hacer de la realidad (ahora, aquí hay una hipocresía, el espectador pretende demandar "racionalidad" de las películas que va a ver, pero mientras tanto, se queja de la irracionalidad del mundo en el que vivo, le pide racionalidad al reflejo de algo irracional. Allen sabe esto, obviamente), para aceptar las reglas del juego que propone el narrador.
Ahora l oque hace Allen es narrarnos la historia de una historia. La película no es esencialmente sobre las Melindas, sino sobre las historia de las Melindas, como son contadas por dos hombres con visiones prácticamente opuestas de la vida. En esta enmarcación del relato es que Allen se asegura la devoción absoluta del espectador. Es que el espectador no esta presenciando una ficción que debe atenerse a la realidad. Esta presenciando en esencia una ficción de una ficción, un plano de existencia que se debe atener a las leyes lógicas de un plano que ya de por si se atiene a nuestra leyes (i)lógicas.
Al trabajar con un relato enmarcado, Allen se asegura que estemos abiertos a aceptar cualquier cosa que aparezca en el relato, ya que después de todo, es apenas una ficción que busca probar una teoría, no necesita ser enteramente lógica (por eso es que cuando la Melinda trágica le confiesa a su novio que asesino a su amante, este no se inmute, sino que la justifica y trata de apoyar, y por eso es que Hobie, el persona de Will Ferrel en la película, al final consigue a la chica).
El relato es esencialmente el mismo. Una bellísima mujer joven, con una historia inmediata bastante tumultuosa se inserta en la vida de una pequeña comunidad (dos o tres matrimonios amigos) y altera las realidades de estos. Lo que justifica la duplicidad de relatos es su enfoque. Uno cuenta la historia de una Melinda que aburrida de su marido, es seducida por un fotógrafo, un hombre misteriosos de apellido romántico, y con quien tiene una aventura. Eso desencadena en un divorcio, la perdida de sus hijos, y el asesinato de su amante, que a la vez la engañaba con otra mujer.
La Melinda cómica acaba de terminar una relación sin hijos, en la que ella es la victima de la infidelidad, y elige alejarse de esa realidad y comenzar una vida nueva.
Estos son los puntos de partida para que cada cara de la moneda (trazar un paralelo: ser la Melinda cómica de final feliz, o ser la melinda trágica, de final deprimente es una cuestión de suerte, de arrojar una moneda. La suerte, es, en esencia, el tema central de la película siguiente de Allen, Matchponit.) desarrolle su propia historia que se irá distanciando cada vez mas.
Ahora, la maestría de Allen recae FINALMENTE, en que puede llegar a plasmar sus dos caras en una misma pieza. Eh aquí lo cubista de estos relatos. Son narrados en el mismo espacio temporal. La distinción de historias se hace a través de los actores, pero no hay un margen de tiempo determinado para cada historia. Las historias están divididas en partes arbitrarias que se intercalan entre ellas, y también con escenas de la cena entre amigos.
En el mismo espacio, por el mismo precio de entrada, el espectador recibe dos películas. Una en el tono de desesperada tragedia existencialista de Allen, repleta de diálogos complicados y profundos, esa que habíamos llamado deconstructora. Recibimos el mejor Allen pensador. Y en la escena siguiente tenemos la comedia, la bofuneada patética y tragicómica. Tenemos los típicos chistes de Allen, la neurosis, la ridiculización del esnobismo, el ataque a los "galanes" ("cazaste también los muebles?" le pregunta Ferrel al "galán" del lado cómico de la película, mostrando la vieja dicotomía Alleniana, el perdedor intelectualiode y nervioso, que DE ALGUNA MANERA consiguió a la chica y se pone inmediatamente a la defensiva frente al prototipo de hombre exitoso y "ganador". Dos tipos de hombres que casi podríamos llamar, de RAZAS distintas.).
Por un lado tenemos a Allen planteándonos la realidad como un lugar oscuro, que se llena de falsa alegría y lujos para esconder podredumbre y maliciosidad; pero que inmediatamente nos da vuelta la tortilla como diciendo "pero vamos chicos, que no es tan malo".
Por el otro lado tenemos a Allen riéndose de los rituales sociales y personales del hombre, ridiculizándolos, mostrándolos como el hombre se deshace en los problemas que el mismo se crea y que solo se le vuelven insolubles por su propia terquedad y estupidez. Pero entonces nos da vuelta la toritilla y nos dice "pero hay veces en que no todo esta en nuestras manos. Hay veces que desgraciadamente estamos rodeados de situaciones incontrolables y desastrosas que nos hacen ver que tan efímera y terrible es la vida".
Lo genial de Melinda, Melinda, es que se podría llamar "Woody, Woody" y ese titulo seria igualmente acertado. Lo que me lleva a afirmar que WOODY ALLEN ES DIOS después de ver Melinda, Melinda es la forma en que el genio presenta sus dos pasiones tan perfectamente aisladas, pero en el mismo envase. Dejándonos elegir con cual nos quedamos, pero siempre recordándonos que ninguna de las dos es superior, y que son en realidad las dos Trágicas, y las dos Cómicas, pero principalmente, las dos REALES.
En los rubros técnicos, es Woody Allen. Un director de 42 años de experiencia que ya a esta altura ha aprendido a manejar sus trucos. Los bellos paisajes del Nueva York suburbano. El jazz amistoso y optimista del costado cómico. La música clásica, solemne, que nos hace cambiar el marco mental, para el costado trágico. La fotografía, el ritmo, todo es digno de un maestro con ese tipo de experiencia.
Por ultimo los actores. Como ya dije, Woody se aleja de sus piezas mas "filosóficas", en este caso, podría haber aparecido en el costado cómico de la película. Sin embargo por una cuestión, de, imaginamos, pudor, y respeto por todo lo que es bueno y sensato eligió como remplazante en este caso a Will Ferrel, el imbécil sobreactuador de saturday night live, que se caracteriza por su humor fácil y violento. En manos del maestro sin embargo, Ferrel se domestica, y abandona su idiota patentado de tantas películas (el reportero, por ejemplo) por una razonable y bastante buena imitación del personaje "Woody". En manos de un director tan hábil como Allen, comprobamos que Ferrel no tiene ALGO de actuación adentro, tiene MUCHA actuación. Su reversión correcta pero sin embargo personal del personaje nunca incomoda, y da alegría ver que el papel esta en unas manos tan hábiles.
Al comienzo de la película uno agradece la elección de Ferrel para remplazarlo al viejo Woody. Pero ya para el final cuando las frases características empiezan a explotar una tras otra un no puede evitar sentir nostalgia. En un momento Ferrel se despacha con un "Odiaría la idea de que nuestra interacción en la cama fuera interrumpida por conflictos políticos" uno se ríe, pero no puede evitar desear con toda su alma que sea Woody el que lo estuviera diciendo. El dialogo, es divertido, es genial, la conversación entre Ferrel y su cita es de lo mejor que el escuchado a Allen, pero si solo hubiera estado en labios del maestro, hubiera sido una experiencia prácticamente celestial. "Voy a tener que empezar a votar por educación religiosa" y el espíritu del GENIO esta en escena.
Mención aparte merece Radha Mitchell, una australiana que Allen había alabado hasta que de abajo de las piedras salio Scarllet Johansson. Si, Scarllet es físicamente perfecta. Pero las Melindas de Mitchell son inigualables. Dos personajes tan diametralmente opuestos, manejados tan a la perfección, y embutidos en un cuerpo de belleza tan poco negable hacen de esta mujer un espectáculo, tanto para la mente como para los ojos.
(Por el amor de dios. La escena en la que la melinda trágica tiene que elegir una outfit para la fiesta esta cargada de una sexualidad tan implícita, y tan violenta que emanan esa mujer que no sabe que ponerse para causar la impresión correcta, y que entre los pliegues de su bata se le escapa un vestigio de corpiño. Alguien que me muestre una escena más sensual y provocativamente deliciosa y yo le regalo un chocolate)
Y por eso, por Melinda, Melinda Woody Allen es Dios.
eh dicho.