Unas palabras previas

Estoy sentado sobre las cansadas y grises hojas del otoño. Veo al niño y a su tigre correr entre los árboles. El tigre salta y enseña sus dientes. La sonrisa del niño mientras le destroza el estomago es inigualable. Un millón de pensamientos invaden mi cabeza y no se si son del niño o míos. Y no se si soy el niño o yo. Pero nunca seré el tigre.

20080420

Tengo la inmensurable necesidad de que me aten al ancla de un barco y me tiren al mar. De un carguero, por favor;

si es posible eh, no se van a gastar por mí. Quiero cadenas rasposas. Oxidadas, naranjas, polvorientas. Quiero cadenas que me lastimen el pecho desnudo, la panza gorda, los brazos débiles, quiero que mis pies toquen madera astillada, aunque si es carguero, no creo que el piso sea de madera. Quiero caminar por una plancha quebradiza que cruja con cada paso que de. Quiero 30 marineros que actúen como piratas, que griten y que me insulten; que con palos me empujen y me hagan caminar sobre el azul asesino del mar con el ancla de carguero atada a la espalda con cadenas rasposas y oxidadas. Quiero saltar y estar en ese segundo eterno entre el levantarme y la última e infinita caída. Quiero quedarme ahí un rato, y después caer. Caer caer caer caer y chocarme con la placa maciza de helado líquido salado. Que el frío me abra la boca en un espasmo de sorpresa y dolor. Que los pulmones se me llenen de agua del medio del mar, pacífico, o índico, la verdad no me cambia. Pero quiero que sea agua azul puro. Azul que le da nombre al óleo azul marino. Quiero todo eso porque quiero pintarme los órganos internos de azul, y es la mejor manera que se me ocurre.

El miedo viaja en bicicleta. El miedo viaja en cinta, y en avión. El miedo no esta en el espacio ni en la locura. El miedo esta en las pequeñas barreras que rompemos todos los días. El miedo esta en que cada día nos chupe más un huevo algo, todo, no se. El miedo tiene una sonrisa hermosa. El pelo corto, carré. El miedo tiene labios literalmente inundados de vida. Labios
como bombitas de agua llenas de vida y un fondo mínimo de luz. El miedo esta en los segundos de anticipación. El miedo esta en los celos que no vienen a cuento porque no es tuya así que de que mierda tenés celos, PERDEDOR. El miedo está en que no se quien anda al rededor mío, y por ahí el si sabe lo que es el miedo, porque lo lleva en las venas y se lo inyecta a la demás gente. El miedo como el sida eterno, que estuvo siempre y siempre va a estar. El miedo que en SI, no hace nada, el problema es que no nos deja hacer nada más.

Hace unos meses junte cinco vírgenes. Cinco pendejas vírgenes (y cada día vienen más pendejas) morochas, entre el negro azabache puro y el castaño oscuro. A las cinco vírgenes las monté en mi capa y nos fuimos como volando por avenidas, por autopistas y rutas inundadas de sopor y llegamos a mi casa. En mi casa esta la cama de mi abuela muerta. Y sobre ella me las garché a las cinco, y ellas se garcharon entre ellas, y nos garchamos todos al mismo tiempo y el tiempo nos garchó, y los silencios los llenamos con gemidos falsos porque al fin y al cabo no queremos que la incomodad, el silencio, el vacío, el miedo nos garche a nosotros, y por eso ocupamos el tiempo garchando. Desde la esquina el cadáver de mi abuela trataba de seguirse pudriendo y a la vez mirarnos, sin perder la concentración. A veces no podía y se dejaba de pudrir, o incluso, se empezaba a despudrir, a volver a la vida. Las chicas miraban el cadáver mientras les rompía el culo y gemían y se chupaban los dedos llenos de chocolate derretido del helado. Los gusanos que viven en los ojos podridos de mi abuela las excitaban y no paraban de pedir que cojiera. Que no parara de cojerlas hasta que no se les empapara el alma de semen. Al final, con los labios blancos y húmedos, se dieron besos y nos prendimos fuego, lo último en quemarse fueron las sabanas donde las cenizas de pija y de corazón femenino no se distinguían.

Esa mina no me quiere mirar a los ojos. Dice que le dan miedo los ojos verdes oscuros. Que son los únicos ojos que le dan más miedo que los ojos azules. Para ella compré doscientos treinta y cuatro huevos y les pinté ojitos. Pupilas falsas de todos los colores. Índigo y magenta, bermellón y cyan. Fui a su casa y mientras dormía -después de sacarle ese beso que tanto me debe- le invadí el cuarto con los huevitos. Huevosojos en su almuada, huevosojos en el escritorio y en los cajones de los roperos. Huevosojos entre sus carpetas y dentro de sus zapatos. Después le besé la frente y me fui a la mierda, riéndome. Mi bicicleta chilló y rechinó en su vereda. Hace cinco días que no la veo y cada tanto la extraño y me viene gusto a omelete a la boca.

Cada tanto, Celina -que tiene uno de los nombres más preciosos que cualquier persona puede desear- se queda despierta hasta tarde, extrañándose. Se extraña porque ella antes no era así. Ella antes no hacía eso, antes no se sentía sucia todo el tiempo. Antes no se odiaba por lo que hacía. Antes, cuando se duchaba nada interrumpía el placer de la paja que se echaba con el duchador, acercándoselo a los labios de la concha y cantando canciones de bob dylan. La hacía acabar el estribillo de mr. tambourine man, recitado con su mejor imitación de la voz de su profesora de matemáticas. Ahora cuando se masturba el placer lo interrumpen las imágenes de lo que hace ahora y sigue acabando, pero cuando acaba llora y se limpia las lágrimas con el dedo que se mete. Le fascina el olor, pero no lo puede disfrutar porque ahora que se convirtió en una persona normal, se odia, se extraña, se tiene miedo.

La vida de una bombita de luz es corta y trágica. Se enamora en la góndola del supermercado. La compran y la alejan eternamente de su amor. Entonces exhuma su tristeza eterna en luz. Quema su propia alma hasta que no tiene más de que vivir. Por eso Julián trata de comprar la menor cantidad de bombitas posible. No se da cuenta que con las velas, es más o menos lo mismo.

Cuando el tipo del monóculo de la esquina no está ahí es porque esta matando a alguien. Vos sabés que tiene algo raro, pero le querés hablar. Su vos es porcelana tibia y tersa que se escapa de entre su boscosa barba. En su bolsillo trasero tiene un cuchillo larguísimo. Vos lo sabes y por eso mañana le vas a ir a hablar, habiendo estudiado en que posición tu cuello es un blanco más fácil.

Si saltas y soplas tratando de apagar el sol, el sol se da cuenta y llora porque piensa que no lo quieren.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

che man la primer foto la usan en una publicidad, le ponen un buzo y dicen: si usas este reloj, sos como ese q bucea, re capo

Manuel Aráoz dijo...

muy naranja mecánica eso de garcharse pendejas

donde esta tu blog de cds?