Hoy son tres años desde que la conocí, y ella es el amor de mi vida.
Se lo dije, hace dos, y ella me dijo que si. No a casarnos, ninguno de los dos esta en condiciones, tanto emocionales como económicas. Pero nos dijimos si. El uno al otro. Y ahora somos dos.
La primera vez que la vi fue en verano, y hoy también lo es, el mismo verano pero con tres años mas.
Hace tres años ella usaba el pelo recogido y desde la cabeza le caía como mechas marrones sueltas y finas, que le llegaban a la parte de atrás del cuello, usaba una camisa rosa sin mangas que se contorneaba suavemente contra su figura, y parecía muy ocupada.
Entre sus labios, tensos por la fuerza, sostenía una lapicera, y en sus manos había una planilla, que llenaba con un lápiz negro. Sus ojos, entrecerrados por la luz que el blanco de la hoja reflejaba, era como perlas verdes, con un tinte de fuego marrón que buscaba escupirse de vida en la retina. Sus manos estaban tensas, con los nudillos sobresaliendo un poco demasiado hacia la vida. El lápiz volaba sobre el papel pero no encontraba donde escribir, cada tanto miraba para arriba, y contaba cosas en un edificio en construcción en la manzana de enfrente. Llevaba jeans oscuros, que me dieron demasiado calor. Pero sus pies estaban libres, apenas agarrados de finas tiritas de cuero, "sandalias".
Yo llegaba tarde, al laburo, o a clase, o a la vida, no se, pero llegaba tarde, y mis anteojos oscuros hace rato venían probando que eran la peor compra que había hecho en mi vida, oscurecían demasiado, hasta en un día de sol asesino como este, y además me quedaban grandes, listos a caérseme apenas pudieran.
Mi bolso me golpeaba contra la espalda mojada, y estaba rogando por un aire acondicionado hacia quince minutos, cuando me había subido al colectivo. Además, llegaba tarde, pero eso ya lo dije, y eso mismo me decía a mi mismo en la cabeza, llegas tarde, llegas tarde, llegas tarde, y mis tímidos gritos de cállate, ya lo se, no me importa que ni funcionaban.
Así corriendo, esquivando gente, fue como me la encontré, como una película, como una foto de si misma, dura en una calle fluctuante, donde todo era puro movimiento, ella su propia roca en un mar de gente, imparable. Y yo que venia rápido, muy rápido. Una vieja, un ejecutivo, agacharme y ponerme de costado, y pasar entre dos hare krishna Y de repente, ella. Toda tranquilidad de mentira ahí dura enfrente mío. Y la orden salio, frená, frenaaaá, FRENÁ! Magia o wierd shit,, o algo así, no se, porque era imposible. O casi imposible frenarle así a menos de dos centímetros de la oreja.
Sin embargo, ese segundo fue mágico, ella dura, todavía con la vista y el alma en su papel y en su edificio al otro lado de la calle, y yo como una aplanadora de ansiedad, prado de puntas de pie, con la cadera hacia afuera, mis brazos extendidos como alas peladas, y mi cara ahí, casi en ella. Y así nos quedamos, uno, dos segundos, no más. Pero fue ese segundo, heraclito. Ese segundo de permanencia tibia y chistosa. Ese segundo antes de que la vida, y ella, me explotaran en la cara.
Pego un salto para el costado, y un grito, un ¿que haces? pero se dio cuenta, segundos ahí adentro de la frase de que era que venia apurado, de que no era yo sino las circunstancias, y que era hora de que yo soltara mi discúlpame, y que ella se corriera para dejarme pasar. Y eso estaba por hacer, ella ya con una pierna desplazada, y yo con el discc... a medio camino entre mi boca y el universo. Y la magia, ahí cuando el universo actúa por nosotros. Detrás nuestro se escucho una queja
-¡Con esa mierda de sectas no me vengas!- Y un hare krishna enorme, que túnica verde entera sale volando para atrás, me golpea en la espalda y la frente (estaba mirando para atrás, no tengo la frente en la espalda) y me empuja para adelante, y volando sobre ella, y contra el sucio y hirviente asfalto veredal buenosairense.
Un tuc, y me entro un miedo tremendo. Esa fue su cabeza, y además la vi hacer la típica devolución de alguien que se golpea jodido la nuca. Automáticamente, mi mano busco su nuca, donde esperaba encontrar mojado y rojo, pero no, pelo limpio y nada de sangre. Igual le levante la cabeza hacia mí. Tenia los ojos cerrados, sus labios y su cara en general se había relajado, la lapicera había volado por ahí, y en esos segundos lo supe. No acá, en de donde salen estas palabras, no se, sino mas en el fondo, allá, donde se saben las cosas que no se saben, donde la gente piensa con el corazón lo que no quiere pensar con la cabeza.
Con eso vi a la mujer mas hermosa del mundo, sus labios eran frágiles cintas rosa sobreviviente, de un color escapado, pero carnosos, rellenos, completos, aunque no atropellantes. Sus cejas eran finas curvas apacibles sobre sus ojos, tapados por unos parpados pacíficos, como de siesta merecida.
Esta vez no fue el miedo, sino la duda. ¿ que le habría pasado? tendría que abrir los ojos...
Ahora, justo cuando los abrió. Y en ellos se dibujo, una sonrisa, que no correspondía a sus tiesos nuevos labios de indignada, mas coloridos y vivos. El verde mar, teñido de llamas de marrón bosque, que bailaban como encantadas me miro juguetonamente.
-Si, estoy bien gracias por la atención.-
Y un susto mío. Esta bien, y LLEGAS TARDE. Apurar una disculpa no sentida, pararme como poseído, hacerla saltar con una sola mano, y salir corriendo. Con un saludo todavía a medio terminar...
Esa noche llegue agotado y apure una ducha caliente. Ahora si que llegaba tarde, y Juana no era lo mismo que una clase, con Juana si importaba llegar tarde, con Juana no había excusa que valiera. Con una toalla a la cintura y el largo pelo negro empapado, salí del húmedo y londonesco (londinense) baño y camine por la alfombra de mi cuarto (infalible toalla para los pies) hasta el teléfono donde vi que tenia tres mensajes.
Una boludes, mama que quería que fuera a conectarle un televisor nuevo, y una voz que en el fondo de mi memoria era un si lindisimo, pero ahí en mi consciente era apenas un suspiro de recuerdo.
-Hola, disculpa, no me conoces, mi nombre es Lourdes. Hoy tuvimos la mala suerte de chocarnos en la calle y, como obviamente no notaste, te dejaste el celular en el piso, así que nada, lo tengo yo. Llámame a tu numero y arreglamos así te lo devuelvo.
Pero, ¿perdí el celular? ¡Con razón nadie me había llamado hoy!
Tranquilo me termine de secar, me vestí, y partí para el restaurante, donde me esperaba la mujer de mi vida, que ese mismo día, seria la mujer de mi vida para siempre.
Unas palabras previas
Estoy sentado sobre las cansadas y grises hojas del otoño. Veo al niño y a su tigre correr entre los árboles. El tigre salta y enseña sus dientes. La sonrisa del niño mientras le destroza el estomago es inigualable. Un millón de pensamientos invaden mi cabeza y no se si son del niño o míos. Y no se si soy el niño o yo. Pero nunca seré el tigre.
20061207
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